Pide que se exija “consentimiento informado”. En palabras de la legisladora, su intención es “que los padres sepan los efectos adversos de las vacunas y que el pediatra se haga responsable”.

 

Un proyecto de ley firmado por la diputada Paula Urroz, de Unión Pro, plantea dudas sobre la conveniencia de la aplicación obligatoria de vacunas.

También pide que se entregue “información fehaciente acerca de los riesgos” y se haga efectivo el consentimiento informado. En palabras de la legisladora, que explicó que había sido asesorada por el médico homeópata Eduardo Yahbes, su intención es “que los padres sepan los efectos adversos de las vacunas y que el pediatra se haga responsable”.

La iniciativa provocó un rechazo unánime. Las sociedades de Infectología, de Inmunología y de Pediatría, y la Fundación Huésped hicieron conocer inmediatamente su oposición. “Consideramos que esto significará un retroceso en política sanitaria con serias consecuencias potenciales para la salud de nuestra población”, subrayaron.

Tampoco la respaldaron autoridades sanitarias. Y el bloque de Pro en Diputados emitió un comunicado en el que se desentiende del proyecto: “Nos vemos en la necesidad de aclarar a la ciudadanía que es una iniciativa personal y que no cuenta con el aval de este interbloque”.

“Es una barbaridad, algo descabellado”, opinó Jorge San Juan, subsecretario de Estrategias de Atención y Salud del Ministerio de Salud de la Nación, citado por Perfil.

“Me parece totalmente inconveniente y desacertado pedir consentimiento informado para aplicar una vacuna -dijo a La Nación Adolfo Rubinstein, secretario de Promoción de la Salud, Prevención y Control de Riesgos del mismo ministerio-. El único efecto que tendría es disminuir críticamente los niveles de inmunización. Hay evidencias contundentes de que si la vacunación desciende por debajo del 80 u 85% crece en forma preocupante la posibilidad de brotes de enfermedades que hoy están controladas.”

Por su parte, Zulma Ortiz, titular del Ministerio de Salud bonaerense, hizo saber por Twitter que “el consentimiento no está entre los seis principios rectores del Plan de Acción Mundial sobre vacunas 2011-2020”. Y agregó: “Según Unicef, las vacunas salvan la vida de dos a tres millones de niños por año”.

Es ampliamente aceptado que la vacunación es una de las herramientas más efectivas de la salud pública, después del agua potable. Gracias a la inmunización se erradicó la viruela, y está en vías de lograrse lo mismo con la polio. Precisamente por el éxito de las vacunas, otras enfermedades transmisibles ya casi no se recuerdan.

“Desde el ámbito científico no hay discusión -explicó el doctor Eduardo López, presidente de la Sociedad de Infectología Pediátrica en el programa NCN, de Splendid-. En 2005, en la Argentina tuvimos 60.000 casos de hepatitis A; hoy no hay más de 100. Polio hace décadas que no tenemos. De meningitis causada por Haemophilus influenzae había 400 casos; hoy hay menos de 50.”

“Tenemos una enorme certeza de que la vacunación es extremadamente segura -dice Guadalupe Nogués, doctora en biología y docente de la UBA-. Los efectos adversos que puede haber son generalmente muy menores, y los beneficios que otorgan son mucho mayores que los riesgos. Sin embargo, algunas personas sostienen, sin fundamentos válidos, que las vacunas son peligrosas. Es importante que quede claro que circulan muchos mitos, pero que cada uno de ellos ha sido refutado. Cada ciudadano puede acceder a las vacunas que se proveen gratuitamente, y no podemos privarlos de ese derecho. Este proyecto en particular muestra que la diputada desconoce que algunas cosas que pide, como la notificación de efectos adversos, se hace rutinariamente en la actualidad.”

Además de sus efectos individuales, la inmunización de más del 95% de la población actúa como un escudo protector llamado “efecto rebaño”. Como contó la investigadora de la Fundación Infant Romina Libster a este diario, un estudio en seis hospitales mostró que tras las campañas que se hicieron por la gripe A H1N1, y con el 93% de los grupos de riesgo vacunados, no hubo ni un chico internado. “Cuando uno no se vacuna, no sólo se pone en riesgo, sino que también pone en riesgo al otro”, explicó.

Sin embargo, para el doctor Yahbes todo esto está en duda. En su página de Internet, se refiere a las vacunas como “cantos de sirenas” y en declaraciones radiales dijo que “la inmunidad de rebaño es un mito” y que el paciente “tiene derecho a la propia determinación”. Yahbes disertará en una reunión sobre vacunas que se hará la semana próxima en el Congreso. Lo curioso es que el 26 de julio de 2015 instituciones académicas de Ayurveda y Homeopatía firmaron en el Ministerio de Salud un documento en el que apoyan la vacunación como herramienta sanitaria. Es más: una encuesta entre homeópatas publicada en la revista Homeopathy y firmada por el doctor José Eizayaga, de la Universidad Maimónides, muestra que más del 75% consideró que las vacunas son seguras, efectivas y necesarias.

La misma legisladora presentó otro proyecto para que se incluya en el Programa Médico Obligatorio (PMO) la atención y medicación homeopáticas, que también fue objetado en forma generalizada. “La homeopatía es una terapia propuesta por Samuel Hahnemann a fines del siglo XVIII, en una época en la que la medicina carecía de los mecanismos instalados para evaluar la efectividad de los medicamentos o tratamientos -explica Nogués-. Mucho cambió desde entonces, y ahora tenemos herramientas metodológicas muy validadas y consensuadas para averiguar si funcionan o no, y si son seguros o no. Con los años, se acumula evidencia. En el caso de la homeopatía, está ya muy claro que funciona tan bien (y tan mal) como un placebo. El grado de certeza que tenemos sobre esto es comparable al de que si tiramos una piedra desde una ventana, caerá al piso. El peligro es que hay quienes dejan tratamientos probadamente efectivos para tratar de curarse con homeopatía. Estas decisiones ya han provocado muchas muertes. No hay efecto placebo que sea capaz de curar el cáncer o enfermedades infectocontagiosas”.

Y agregó Rubinstein: “El PMO sólo tiene que cubrir tratamientos de probada efectividad”.