A partir del próximo lunes 5 de febrero, la Justicia iniciará los trabajos de excavación en la estancia La Candelaria, en la zona de Crucesitas Séptima, departamento Nogoyá, en procura de dar con los restos de la familia Gill.

Es a partir del testimonio que aportó un nuevo testigo, tal como reveló en octubre último en exclusiva Entre Ríos Ahora.

Rubén “Mencho” Gill (56 años) fue visto por última vez el domingo 13 de enero de 20o2 junto a su mujer Norma Margarita Gallego (26) y sus hijos María Ofelia (12), Osvaldo José (9), Sofía Margarita (6) y Carlos Daniel (3). Ese día, dieciséis años atrás, emprendieron un viaje corto hasta la ciudad de Viale, donde estuvieron en un velatorio.

“Quito” Villanueva, que vive frente a La Candelaria, propiedad de Alfonso Francisco Goette, cree haber visto al “Mencho” Gill cruzando a caballo el lunes 14 de enero, y eso contó en la Justicia de Nogoyá, que tiene una causa abierta sobre “averiguación de paradero”.  La declaración de Villanueva es otro dato clave: es el último que vio a Gill con vida.

El propietario de la estancia La Candelaria y patrón de los Gill, Alfonso Francisco Goette, murió en un accidente de tránsito. Fue la noche del jueves 16 de junio de 2016. Una mala maniobra provocó la salida de la ruta, el despiste y el vuelco de la camioneta Nissan Frontera que conducía el hombre, entonces de 70 años. Las heridas producidas en aquel vuelco, ocurrido en la intersección de las rutas 32 y 35, lo llevaron a la muerte.

La muerte de Goette produjo un giro inesperado en la causa. Armando Nanni, un contratista rural de Tabossi, que supo realizar trabajos de siembra en el campo de Goette, y que conocía a “Mencho” Gill, se animó entonces a hablar.

Nanni no había querido hablar antes por “miedo” a Goette. Pero con Goette muerto, acudió a los Tribunales de Nogoyá, y habló con el magistrado a cargo de la causa, el titular del Juzgado de Transición, Gustavo Acosta.

Y dio un dato: que los Gill no se fueron de viaje ni están en otra provincia sino que podrían estar en el mismo lugar donde siempre, la estancia La Candelaria.

Y aportó una pista que ahora sigue la Justicia: que veinte días antes de que desapareciera la familia, en el verano de 2012, “Mencho” Gill cavó dos pozos, uno en el lecho de un arroyo que entonces estaba seco.

El lunes 23 de octubre de 2017 hubo un allanamiento en el campo La Candelaria, cuyo casco principal está desocupado. Fue una primera inspección ocular de la Justicia. El próximo 5 de febrero, el juez Acosta ingresará acompañado de una empresa especializada en la realización de excavaciones: Natalio Giménez.

Se estima que durante dos semanas, las máquinas estarán trabajando en los dos puntos que marcó Nanni como posibles donde estarían enterrados los Gill. De acuerdo a lo que surja de esas excavaciones, la Justicia podría dar algunos pasos significativos en procura de esclarecer el destino de toda una familia que parece haber desaparecido de la faz de la Tierra.

La desaparición de los Gill es un misterio oscuro. El matrimonio se conoció en la estancia La Candelaria: allí, “Mencho” era peón, y Margarita Gallegos hacía tareas de limpieza en la casa. Ellos dos, más sus cuatro hijos desaparecieron sin dejar un solo rastro. Se los vio por última vez en el velatorio de Máximo Vega, un conocido de la ciudad de Viale.

A mediados de marzo, Otto Gill, hermano del “Mencho”, intentó comunicarse con ellos, pero no hubo respuesta. Luisa, otra hermana, viajó hasta Crucecitas Séptima. Allí el patrón Alfonso Goette le dijo que no sabía nada, y se radicó la exposición policial.

La causa fue caratulada al principio, por el juez de Instrucción Jorge Gallino, como Averiguación de paradero.

El primer allanamiento que ordenó fue 18 meses después, el 10 de julio de 2003. Otro fue sucesivamente postergado por “inclemencias climáticas”: del 29 de julio de 2003 se pasó al 5 de agosto, y se pospuso para el 13 del mismo mes.

“En el rastrillaje toda la gente del campo vio que no se hizo nada, que Alfonso Goette les carneó una vaquilla y les dio de comer a los policías y que los perros no participaron de la búsqueda”, relató Adelina Gallego.

Elvio Garzón fue el primer abogado de Otto Gill, quien tuvo varios altercados para poder constituirse como querellante. Los familiares afirmaron que no eran atendidos por el juez.

El dueño de una gomería, José Domingo Haller, apareció luego como nuevo testigo: dijo que vio a la familia cuando le llevó un Chevrolet Súper azul a reparar una rueda, y que allí le comentaron que viajaban a Corrientes. La procedencia del auto nunca se pudo establecer, y todos sabían que los Gill no tenían vehículo y siempre se manejaron en remís.

Otro dato relevante es que el celular de la familia, de la empresa de telefonía CTI, continuó activado hasta abril de 2003, 15 meses después de la desaparición.

Ahora, la Justicia procurará destejer una madeja demasiado extensa, demasiado enredada, y buscará echar un poco de luz a un caso que en los últimos dieciséis años ha estado rodeado del más oscuro silencio.

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